
En una de mis tantas aventuras mochileando por la región de los Lagos, tuve la suerte de poder recorrer desde la capital regional hasta la localidad de Calbuco, lugar de ensueño con gente muy acogedora, con ganas de conversar y conocer más sobre uno, en aquella ocasión fui invitado a celebrar el cumpleaños de una muy buena y querida amiga a la isla Chaullin – Helvecia, lugar que para mí era desconocido, pero a la vez me parecía atractivo el poder conocer ese bello paraje, es por eso que llegue a Calbuco, junto a mis amistades, mi guitarra y ganas de compartir un buen curanto en hoyo con el que nos recibiría la cumpleañera.

En aquella ocasión pasamos desde Calbuco a la isla Chaullin en un bote que era una especie de Uber marítimo en donde pagabas un monto y él te dejaba en la isla e iban por tí a la hora que tú le dijeras, zarpamos a la isla viéndola cada vez más cerca y al fin llegamos a ese bello lugar prometido donde a lo lejos se podían ver los arrayanes milenarios, sin saber lo que nos esperaría.

Nos recibió Pascal, el dueño del camping y nos contó que se podía recorrer la isla completa en aproximadamente una hora, lo cual nos pareció magnífico, pero debíamos comenzar con el ritual del curanto, lo que a mí me tenía bastante entusiasmado. Fuimos a buscar leña, prendimos el fuego y luego a recolectar piedras para ser utilizadas en el hoyo del curanto, todo transcurría mientras otros invitados preparaban los chapaleles para el curanto.
Armamos todo y comenzamos a agregar los mariscos, las papas, la carne ahumada y los chapaleles para después sellar todo con bastante apuro para que no se enfriasen las piedras. Transcurrido un par de horas llegó el momento de la apertura del curanto, recuerdo muy bien a unas amigas cantando canciones mientras nos sentábamos a comer alrededor del hoyo, compartiendo sabores y anécdotas por montones.
Al día siguiente pudimos hacer la caminata por la isla y nos llevamos una gran sorpresa al poder recorrer y conocer el bosque milenario de arrayanes, árboles que llevaban muchos años y que sus hojas y ramas casi tocaban el cielo, fue un momento maravilloso para coronar esa bella visita a la isla, me quedo con las enseñanzas de personas que jamás creí conocer, me quedo con sabores que quisiera volver a sentir y me quedo con la gratitud de compartir con gente tan bella. La isla es un lugar que todos deberían visitar ya que Pascal y su familia han hecho de ésta una isla auto sustentable reciclando todo lo que se pueda. Sin duda un lugar que todos deben conocer…