Íngrid Haenseler Lagos, oriunda de la ciudad de Loncoche, Región de la Araucanía, al migrar a Pitrufquén, comuna vecina, sintió soledad y lejanía de sus familiares, sentimientos que muchos inmigrantes tienen al alejarse de su hogar y buscó en el tejido de telares un refugio.

Comienza el desafío y es así, con el apoyo y ayuda permanente de su esposo, como Ingrid comienza todo un trabajo de investigación, de ensayo y error, de propuestas de diseño y materiales. Hasta que realiza su primer telar.
Entre los telares que comenzó a diseñar, los habías de varios tipos y estilos, como ser: Telares decorativos, telares familiares, telares personalizados. Es así como de a poco se fue haciendo conocida, comenzó a ir a las ferias de Pitrufquén y Gorbea y cada vez le iba mejor, comenzó a enviar telares a todo Chile.
Luego, la familia de Ingrid decide regresar a su ciudad de origen, Loncoche y fue sorprendente el impacto que se produjo en esa ciudad con los Telares Haenseler.
El desarrollo de la técnica, nuevos puntos, nuevos diseños de marcos, la noble madera que existe en la zona, nada ha sido al azar, todo ha requerido estudio, trabajo y dedicación. Así nacen los telares con figuras humanas de familias, los telares espejos, los telares pedestal.
“El tejer te tranquiliza, te relaja, quita las tensiones y yo a eso me aferré… a mí no me gustaba la lana, ni tejer, nada de esas cosas, yo busqué esto porque me relajó, es una experiencia muy linda… para mí el tejer, el decorar, el pensar qué telar voy a hacer hoy día, para mí eso es fantástico”
Además de ser algo terapéutico, en sus inicios, los telares a Ingrid le permitieron terminar de costear su carrera de Técnico en Educación Parvularia y los gastos asociados a estudiar. Sin embargo, al terminar la carrera, Ingrid se vio enfrentada a la disyuntiva de ejercer su carrera docente o dedicarse 100% a Telares Haenseler. Fue una decisión difícil, donde tuvo que poner en balanza qué la llenaba más, qué le traía mayores ingresos, qué la hacía más feliz.
Es así como Ingrid decide dedicarse por completo a Telares Haenseler, sin desmerecer su carrera docente, optó por ser su propia jefa, por realizar una actividad que la relaja, no la estresa y le trae mayores beneficios económicos.
El reconocimiento de la gente, el que compartan sus publicaciones en redes Sociales, el hecho que le digan en la calle qué hermoso su trabajo, que Dios bendiga sus manos, todo eso para Íngrid es invaluable y es así como convirtió una terapia para superar momentos difíciles, en su profesión.